Los partidos: una impostergable reingeniería
La crónica de este improbable triunfo, aunque reconoce a su protagonista como un macho alfa de la anti-política, pretende registrar lo acontecido el 8 de noviembre como un episodio de alternancia cíclica entre demócratas y republicanos, pero este abordaje sería simplista y divorciado de la realidad.
El primer derrotado del impetuoso andar del tren Trump, fue precisamente el Partido Republicano. Y esto, no solo porque una parte significativa de la dirigencia partidaria no le apoyó, ni porque este venciera a las maquinaras políticas más formidables de dicho partido, sino porque Trump no es un ideólogo forjado y moldeado por la ideología conservadora. Su ideología es, fundamentalmente, el oportunismo político, algo que queda confirmado fehacientemente cuando esculcamos sus posturas públicas sobre algunos de los temas neurálgicos para la sociedad norteamericana. En lo relativo a impuestos, armas de fuego, seguridad social, comercio, aborto, matrimonio entre homosexuales y política exterior, en todas, ha oscilado cual péndulo entre posiciones liberales y conservadoras. De hecho, a lo largo de los últimos 20 años, este aparenta haber donado más recursos a candidatos demócratas que a candidatos republicanos.
Trump hizo estallar por los aires la conclusión a la que el Partido Republicano llegara tras la derrota de Mitt Romney en 2012: el voto de los blancos ya no era suficiente, y para garantizar mayorías electorales, se hacía preciso abrir el partido a las minorías. Pero a pesar del triunfo de Trump, dicha prescripción continúa latente. Se estima que en menos de 30 años Estados Unidos será un país de minorías convertidas en mayorías, y si las preferencias electorales permanecieran estables, esto sentenciaría la defenestración del poder de los republicanos.
Estos cambios ya empiezan a ser evidentes. En los estados de Arizona, Texas y Georgia ---bastiones republicanos---, año tras año, los demócratas cierran las brechas y se acercan más a convertirlos en estados azules, y esto solo por el incremento sostenido de la población latina. En suma, los republicanos podrán celebrar el triunfo del 20
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